La Ansiedad en el proceso de Rehabilitación

Cómo detectarla y controlarla.

Es frecuente escuchar de aquellas personas que transitan o transitaron por un proceso de
rehabilitación que el estado emocional predominante es la ansiedad. Ansiedad que puede llegar a coartar el tratamiento o, en el mejor de los casos, a hacer de este un período poco agradable y de esos que uno prefiere luego no recordar.

El punto central es que ambos son procesos completamente opuestos:

La rehabilitación demanda un tiempo de mediano plazo de cuidados especiales, resignación de actividades frecuentes e inclusión en la rutina de prescripciones relacionadas con la misma: ejercicios, terapias corporales, visitas al médico, estudios de control, etc. Esto requiere de un esfuerzo emocional muy grande por parte de la persona involucrada y de sus cuidadores. La ansiedad, por su parte, es un proceso de corta duración. Cuando la respuesta ansiosa se dispara, ya sea ante un estresor identificable como ante situaciones inespecíficas, pasa por tres períodos (siempre y cuando la persona no haga nada al respecto):

1°. Incremento progresivo del malestar, activación del sistema nervioso simpático con los consecuentes síntomas somáticos ( palpitación, sudoración, activación motora. la persona se siente inquieta, que “no sabe más que hacer”) y pensamientos del tipo: “este malestar crecerá infinitamente si no hago algo ya”, “no voy a poder aguantar todo este tiempo”, “esto es lo peor que me pasó en la vida”, “no soporto más a nadie de los que están alrededor mío”, etc. La persona llega a sentir en ese momento que la ansiedad lo va a terminar tomando por completo, que ya “no se aguanta ni a sí mismo”, y que necesita una acción inmediata, “no puede esperar”.

2°. Luego, en un segundo momento, se da un estado de meseta en el cual la ansiedad y el malestar que esta conlleva tocan su punto máximo y permanecen allí durante un breve período de tiempo.

3°. Por último, la ansiedad comienza a declinar, los síntomas asociados empiezan a desaparecer, y la persona empieza a sentir una mejoría notable y una vuelta a la estabilidad anterior al episodio ansioso.

Este es el proceso “natural” de la ansiedad. El problema aparece cuando la persona, ante esos pensamientos de que “tiene que hacer algo ya”, hace cosas que, en vez de calmar la ansiedad, alimentan el círculo vicioso y generan una especie de adicción. Sabe que no debe hacerlas pero actúa como por impulso, luego se arrepiente, pero el círculo vicioso ya está empezado y necesita  ahora una ayuda externa a ese círculo para poder controlar esa ansiedad. Un ejemplo: una persona se siente muy ansiosa, mucho malestar, siente que “camina por las paredes” y ante esto se levanta de la cama, va a la heladera y come todo lo que encuentra. La ansiedad se disimula por un breve período de tiempo y “aprende” que cada vez que siente ansiedad tiene que ir a la heladera. El comer tanto aumenta su malestar porque se siente hinchado, a veces hasta con culpa de haber comido y eso retroalimenta la ansiedad original generando un círculo vicioso del cual es difícil salir. Y esto solo para citar un ejemplo muy simplificado. Cada uno podrá poner el suyo propio. La pregunta es ¿qué haces cuando sentís ansiedad?
Si la respuesta es una acción que aumenta tu malestar o que te retroalimenta la ansiedad, sería apropiado un acompañamiento terapéutico breve, focalizado en este síntoma ansioso, a fin de que la rehabilitación sea más amena y eficaz, ya que sino podés coartar tu propio tratamiento. En dicho proceso aprenderás estrategias de autocontrol para prevenir y controlar la ansiedad. Como beneficio secundario, además, aprenderás cómo manejar esa ansiedad en la vida en general y esto redundará en bienestar general para vos y los que te rodean.

Más concretamente, primero entrenamos a la persona a efectuar acciones que disminuyan su ansiedad sin generar un círculo vicioso, sino por el contrario, fomentar un círculo virtuoso. En un segundo momento, la persona aprende a prevenir la ansiedad para no llegar a los niveles altos de malestar y no sentir que tiene que luchar con ella a diario. Como consecuencia, todo el proceso de rehabilitación, y la vida en general, se hace más ameno porque los mismos procedimientos se generalizan después a todas las situaciones que generen ansiedad y esto mejora notablemente la calidad de vida de las personas.

Para finalizar me gustaría compartirles y comentar la definición de Salud de la Organización
Mundial de la Salud:

“La salud es un estado de completo bienestar físico, psicológico y social”

Es una definición muy idealista ya que no existe tal estado, pero lo que sí existe es “un estado lo suficientemente bueno de bienestar físico, psicológico y social” que podemos considerar Salud.

Un estado psicológico lo suficientemente bueno es aquel en el cual la persona puede afrontar con bastante éxito los problemas de la vida, sabe pedir ayuda cuando lo necesita, puede manejar la angustia y la ansiedad, comprender los hechos como la mayoría de la gente y entablar relaciones interpersonales de confianza y reciprocidad. El autocontrol y la asertividad son herramientas fundamentales para lograr esto último. Ambas son perfectibles y aprendibles a cualquier edad de la vida. Un psicoterapeuta entrenado puede ofrecer las condiciones adecuadas para tal fin.

La salud es entonces “un estado lo suficientemente bueno de bienestar físico, psicológico y social” y para lograrlo tenemos que cuidar y trabajar estos aspectos a diario ya que implica la dinámica misma de la vida del ser humano buscando hacer y disfrutar lo mejor que podemos con lo que tenemos.
Lic. Celeste Amichetti.
Psicóloga